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¿Por qué sigue cerrada la frontera?

Abrir las fronteras terrestres para contribuir al desarrollo no solo es una necesidad urgente, es una obligación de nuestros gobiernos.

Es de tal magnitud la cantidad de información que cada día recibimos, que no hay otra posibilidad que archivarla y almacenarla en sistemas confiables, y extraerla de la nube cada vez que un hecho del pasado se convierte nuevamente en pertinente.

Aún recuerdo las palabras con las que el presidente Maduro decidió cerrar las fronteras legales para la circulación de mercancías entre los dos países, dizque para solucionar problemas de ilegalidad, paramilitarismo, contrabando y, en síntesis, de todos los males existentes y por existir, en los más de dos mil kilómetros. Era una medida, por decir lo menos, contradictoria: cerrar lo legal, lo organizado, lo institucional, para combatir la ilegalidad.

Han pasado casi dos años desde el inicio de la aplicación de esa medida. Venezuela, aparentemente, ahora no piensa lo mismo: “El gobernador del estado Táchira, José Gregorio Vielma Mora, pidió este sábado a las autoridades de Colombia que abran la frontera con Venezuela para continuar con el intercambio económico entre ambas naciones. “Debemos manejar una matriz de opinión clara. En este momento, quien tiene la frontera cerrada es la República de Colombia. Estamos pidiendo que la abran (…), aquí no hay discriminación. Los invitamos para que sean parte de la producción y crecimiento de Venezuela”, manifestó, de acuerdo con lo reseñado en El Nacional. Asimismo, el mandatario indicó que Venezuela quiere que se abra la frontera “para poder eliminar esos vicios de corrupción y para qué venezolanos y colombianos nos unamos en un solo vínculo de producción y trabajo”.

Para cumplir con los objetivos antedichos y bienvenidos, así como para promover la complementación económica, productiva y comercial entre nuestros países, bastaría, en principio, con la apertura del transporte de carga para el comercio transfronterizo durante las 24 horas.

Y es verdad, la apertura parcial de las fronteras terrestres, limitada a unas cuantas horas en la noche, ha logrado pocos resultados. Es un horario que inspira una gran desazón a los empresarios y operadores logísticos. Dicen que se abren las fronteras en la oscuridad, cuando “los gatos son pardos”.

Mientras no se normalice el libre flujo de mercancías, cumpliendo con nuestros compromisos internacionales en el marco de la Aladi, continuará existiendo el contrabando de extracción desde Colombia hacia Venezuela, por las trochas y los caminos verdes, el cual aumentó el año pasado hasta límites insospechados, por La Guajira, los Llanos y Santander. De otra parte, aunque disminuyó, el contrabando de gasolina desde Venezuela, se mantiene, así como el de productos cárnicos.

 

Sabemos que para que exista una apertura formal al flujo de todo tipo de vehículos en la frontera, las condiciones deben aclararse para que no se produzcan situaciones desequilibrantes en materia fiscal o de precios. Sin embargo, esta sería una etapa posterior a la recuperación de confianza por la apertura del comercio formal y circulación de transporte de carga internacional.

Abrir las fronteras terrestres para contribuir al desarrollo y la sostenibilidad, y mejorar las condiciones de vida de nuestros ciudadanos, no solo es una necesidad urgente, es una obligación de nuestros gobiernos.

Germán Umaña Mendoza

Director Ejecutivo Cámara Colombo Venezolana

 

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